Nací en Buenos Aires, el primer día del año 1962.
Mi padre fue un médico homeópata y mi madre una psicóloga especializada en el test de Rorscharch.
Tengo tres hermanos, dos mayores y uno menor.
Pasé mi infancia en Castelar, un suburbio al Oeste de Buenos Aires.
Luego, en 1970, mi familia se mudó a un departamento de la Capital, en el barrio de Belgrano, a unas cuadras de la plaza Barrancas, donde íbamos a jugar con mis hermanos.
En mi familia no hay artistas pero a mis padres les gustaba el arte y en la biblioteca de mi casa había libros en los que vi las primeras reproducciones de pinturas, impresas mayormente en blanco y negro.
Yo tendría unos diez u once años y recuerdo estar mirando un libro de pinturas de Picasso y preguntarme si alguna vez algo tan feo podía llegar a gustarme.
Lo que realmente me gustaba en aquella época eran las revistas de cómics y las series de televisión.
Después vinieron los libros y la música de rock.
Fui un adolescente rockero y mi banda favorita era Led Zeppelin, que hacían una música que se llamaba rock pesado. En ese momento el enemigo del rock pesado era el rock sicodélico, de bandas como Yes o Génesis, pero a mí también me gustaba el rock sicodélico y las tapas de sus discos.
Muchas de las imágenes que más me influenciaron en la vida provienen de las cubiertas de los álbumes de rock.
Al egresar del colegio secundario ingresé en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón y en la facultad de Filosofía y Letras.
Empecé a mostrar mis trabajos a principios de la década de los 90, cuando yo ya tenía treinta años.
Mi obra cambió mucho con el tiempo y últimamente me he dedicado más que nada a escribir.
Desde mis grandes objetos acolchados del inicio hasta la reciente escritura, las cosas que he realizado han ido perdiendo, progresivamente, materialidad.
No tener que lidiar con fleteros fue uno de los beneficios de ese proceso.
Actualmente vivo en el Centro de la ciudad, en el barrio de Monserrat.
Las casas donde viví, son y han sido siempre, mi lugar de trabajo, mi taller.
No viajé mucho por el exterior pero conocí algunas ciudades que permanecen en mi memoria.
Volver a ellas con el pensamiento me da felicidad.